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domingo, 17 de diciembre de 2017

De Bim a Nisi

Ay, los amigos invisibles. El evento que aterroriza/ilusiona por partes iguales.

"¿Me tocará alguien que conozco y acertaré con el regalo"?

"¿Me caliento la cabeza, invierto tiempo y esfuerzos en decidir el mejor regalo para esa persona o directamente le regalo lo más cutre que encuentre? Total, si seguro que no acertaré... pues le regalo algo que seguro que no le va a gustar"

Hay gente que se crece ante las adversidades, que le apasionan los desafíos, que están deseando de salir de la zona de confort. Bien, yo no soy de esos. De hecho, aprovecho para cagarme en la vida del barbas del anuncio de tónica. Anda y que te den morcilla.

El caso, que como tenía tiempo por delante, y como tampoco tenía presiones por terminar desde la organización decidí investigar bien a mi amiga invisible. Ya la conocía de antes, habíamos mantenido alguna conversación, pero no sabía muy bien lo que le gustaba, lo que no... al nivel de hacerle el regalo para las #17cosas.

Manos a la obra...tira de tuits antiguos, lee sus entradas del blog... y voilá!

Mi querida amiga invisible, como sé que te apasiona por encima de todas las cosas, he decidido que el tema será LOS MASAJES CAPILARES Y "QUÉ GUSTIRRINÍN DA QUE ME TOQUEN EL PELO".


NOOOO... es broma.

Se que te gustan mucho los ginkgos y ese será mi regalo para ti, y para mi en cierta medida, ya que he disfrutado y aprendido mucho leyendo sobre ellos.

Aunque sea un atrevimiento y quizás todo lo que veas ya lo sepas, ahí va. Para ti. Espero que te guste.
He encontrado cosas muy interesantes sobre el maidenhair tree, como por ejemplo, que no estás sola en este amor a los estos fósiles del mundo vegetal que llevan rondando por la Tierra desde hace 270 millones años. Año arriba, año abajo.

Hiroshi Takahashi, es un fotógrafo que se dedica a fotografiar árboles gigantes y según cuenta se adapta bien al clima japonés, y allí se pueden encontrar algunos ejemplares enormes. El mayor, que ha sobrepasado los 20m de altura, podemos encontrarlo en Kita Kanegasawa, en la Prefectura de Aomori.


En Hiroshima, incluso algún ginkgo sobrevivió a la bomba, aquí tienes unos ejemplos. He quedado muy impresionado.




Otra cosa con la que me he topado han sido sus hojas fosilizadas, preciosas. Incluso puedes comprar una a un precio razonable y ponerla en tu salón! Que se joroben los amantes de los Argentinosarus!









Pero si lo que quieres es llevarlo siempre encima, y por lo que sea te resulta pesado de llevar un árbol entero, también te he encontrado joyas.


Como no quiero hacerme muy pesado, voy a terminar con una imagen que me han gustado especialmente. El árbol está en un jardín de China, como no.

Espero que te haya gustado aunque sea un poquito.





miércoles, 13 de diciembre de 2017

De Nisi a Superspeedy

 Yo a Speedygirl me la imagino así:


Sí, una superheroína comiendo tarta de chocolate. Porque, creedme, los superpoderes no están reñidos con el buen gusto. Y está claro que aquél que disfruta del chocolate tiene buen gusto.

Y como es complicado lo de mandar una tarta de chocolate virtual, al final he decidido poner un par de cosas de cosas bonitas, de bichos bonitos, de bichitos bonitos. Porque, de nuevo, los superpoderes no están reñidos con el bonitismo.





Pero no sólo de bonitismo viven las superheroínas, qué haríamos sin el humor. Porque el humor tampoco está reñido con los superpoderes. Así que ahí van, algunos chistes de esos de jijijijiji.






Y para acabar, una recomendación. Nada más que declarar, superheroína.


miércoles, 23 de diciembre de 2015

La Fontana di Trevi

Estuve por primera vez en Roma en Septiembre de 2005. Era mi primera reunión internacional, estaba tan aterrorizada como ilusionada con la experiencia. Con algunos colegas, nos las ingeniamos para encontrar tiempo para pasear por la ciudad y disfrutarla. Entonces, para mí Roma era un lugar totalmente desconocido y, simplemente, me dejaba guiar. Así, callejeando por las calles peatonales del centro, no me imaginaba que, girando una esquina aparecería, allí, en mitad de la ciudad, una fuente inmensa e impresionante. La Fontana di Trevi. Recuerdo la sorpresa, la admiración, la impresión que sentí al ver aquella fuente bella, inmensa, viva, alegre e inmensa. Me parecía imposible que estuviera allí, en mitad de una ciudad, entre callejuelas estrechas y hordas de turistas. Se convirtió en uno de esos lugares de los que dices “me gustaría volver”. Entonces, no sabía si volvería ni cuándo lo haría.

Volví, sí, pero mucho después, más de siete años después. En ese segundo viaje, Roma seguía siendo una desconocida, apenas recordaba cosas de esta ciudad magnífica. Hacía mucho frío y nevaba. Nieve en Roma. Roma con nieve es el lugar más tristemente romántico del mundo. La Fontana con nieve es maravillosa.

El tercer viaje a Roma, en Enero del año pasado, inició una locura romana en mi vida. De repente Roma se convirtió en el destino de la mayoría de mis viajes laborables. Ocho veces he estado en estos dos últimos años, ocho veces. Han sido viajes variados, en invierno, en verano, en otoño. Viajes laborales divertidos, horribles, buenos y no tan buenos. La he visitado sola y con compañeros de viajes variados, incluyendo gente a la que quiero mucho. En todos los viajes, he vuelto a la Piazza di Trevi a ver la Fontana. En todos. Incluso después de prometerme que no volvería a ir, porque ya era casi una obsesión. Así, he visto la Fontana cubierta de andamios y sin agua, y he seguido todo su proceso de restauración, cómo iban desapareciendo los andamios y como, poco a poco, iba apareciendo la fuente que se escondía, tras ellos.

En mi última visita, hace unos días, sabía que ya la vería totalmente descubierta y restaurada. Fue difícil encontrar un rato libre en una semana de duro trabajo, pero lo de ir a las 8 de la mañana fue una idea estupenda. Fue fácil encontrarla, yo diría que ya puedo moverme por muchos lugares de Roma sin necesidad de mapa. Y, según me acercaba, oír el agua cayendo en la fuente ya me puso la piel de gallina.

Ahí estaba, magnífica, enorme, bella, espléndida, sorprendente y tan limpia y blanca que casi brillaba. Volver a verla fue casi como verla por primera vez, con la ventaja de que, a esas horas de una fría mañana de Noviembre, casi no había gente. Fue un auténtico lujo estar allí un rato, hacerle mil fotos, mirarla desde mil perspectivas, observar las olitas que el agua forma y que, si te acercas demasiado, te salpican.

Como todas y cada una de las veces que he ido, tiré una moneda.

Quiero volver a Roma, quiero volver a la Fontana.

Roma me hace feliz, La Fontana di Trevi me hace feliz.

Y espero volver hasta cansarme.

Las fotos, una de cada una de las visitas que he hecho a la Fontana, a Roma. Diez, diez ya.












miércoles, 17 de diciembre de 2014

14 de 2014

Soy muy mala haciendo resúmenes anuales. En primer lugar, porque nunca sé si lo que ha pasado ha sido este año o el año anterior. En segundo lugar, porque se me olvidan muchas cosas maravillosas que me pasan. Las vivo y disfruto, pero si no tengo un recuerdo físico (una nota, una foto), suelen perderse en el limbo de mi memoria. Y, en tercer lugar, porque me parece fatal hacer un resumen del año antes de que llegue final de año. Mejor dicho, antes de que llegue el uno de enero del año siguiente. Y, ¿por qué? Pues porque creo que pueden pasar cosas maravillosas hasta el último momento, hasta las 23:59 de cualquier 31 de diciembre. Y creo que pienso eso por un motivo totalmente egoísta: yo nací en la segunda quincena de diciembre. Si alguien hubiera hecho un resumen el 2 de diciembre del año que yo nací, yo no aparecería. Qué mal. 

Total, que aquí estamos, un año más, buscando motivos para sonreír. Y, oye, yo he encontrado catorce. Y más. Así que he hecho trampa y he agrupado algunos. Jejeje. 

1. Los viajes. Siempre me quejo de que viajo mucho, blablablá. Bueno, me quejo flojito, porque me chifla y rechifla. De este año tengo que destacar dos lugares. Uno es Kotor (en Montenegro), un lugar maravilloso para un viaje que no salió tan bien como estaba previsto, un soplo de aire fresco para unos días complicados. El otro es Namibia, en la que fui mi cuarta (y en principio última) visita al país. Namibia me fascina, pero de este último viaje volví colada hasta las trancas del país. 

2. Diecisiete días trabajando en el mar sin tocar tierra, entre el estrecho de Gibraltar y Cartagena. Siendo una más del equipo, sin responsabilidades especiales, disfrutando a tope del curro, de la gente y de las puestas de sol sobre el mar. 

3. Una noche de fiesta con amigos en el puerto de Mahón (Menorca) y los 45 minutos a pie de camino de vuelta a las 3 (o 4, qué se yo) de la mañana, para evitar un control de alcoholemia. Y el control de alcoholemia voluntario (y negativo). Y bueno, todo ese fin de semana. 

4. Un amanecer visto desde el ojo de buey de un barco en el puerto de Mahón (y luego dicen que Menorca es aburrida…), después de una noche fantástica con colegas y tripulación del barco, risas y más risas y conversaciones tontas a altas horas de la mañana. 

5. Una puesta de sol roja, roja, roja, desde una zodiac, volviendo a un gran barco en el que impera la ley seca, después de tomar una cervecita en tierra. 

6. Aprobar el C2 de inglés. Por fin. Por la ilusión de acabar algo que había empezado y que, por el camino, decidí apartar temporalmente varias veces. Por la ilusión de pasar página y hacer otras cosas. 

7. Roma. Sí, sí, ya sé que he hablado antes de viajes, pero… Pero Roma se merece un apartado especial. Tres visitas en un año. Laborales con toques vacacionales. Amo Roma. En verano, en invierno, con sol, con lluvia, con nieve. Siempre será especial para mí, siempre me parecerá una ciudad fascinante. Y siempre querré volver. 

8. En un año en el que mucha gente a mi alrededor ha perdido a seres queridos o lo ha pasado mal por problemas de salud, me considero afortunada al poder incluir el tema de la salud en esta lista. Hace un mes no podría haber escrito esto. Y hoy sí. Y cuando tengo un mal día, recuerdo eso y sonrío. 

9. Un día cualquier de verano. En el mar. Cerca del mar. Junto al mar. Bajo el mar. Aguas cristalinas. Piel salada. Sol ardiente. Olor a crema sobre mi piel. Amigos o familia cerca. Un libro. Careta y tuvo para ver pececillos. 

10. Buganvillas. Siempre he querido tener buganvillas y, por fin las tengo. Las plantas me alegran la vida. No sólo las buganvillas, también las zanahorias. Y las fresas. Y los ginkgos. Bueno, todas. 

11. La locura tejeril. Llevo algo más de dos años tejiendo con dos agujas pero este año me he lanzado a lo loco. Ya no me limito a bufandas, gorros o mantitas. Ya me lanzo a jerséis. Y, aunque me queda mucho por aprender, cada vez me gusta más y más. 

12. El reencuentro con colegas. Esto igual lo incluyo porque es muy reciente, pero reencontrarte con colegas que hace años que no ves, es simplemente fantástico. Y constatar que, por años que pasen, hay ahí una complicidad que el tiempo incluso parece incrementar. 

13. El swing o, mejor, bailar swing, o sea, lindy hop. El año pasado ya fui a algunas clases, pero este año ya empecé en serio. Cuando bailas, sonríes. Y cada vez me gusta más bailar. Y cada vez hay más gente por aquí que baila. Y nos lo pasamos genial. 

14. Mis pendientes de ginkgos. Los ginkgos son unos árboles casi míticos (para mí) y con la peculiaridad de que son fósiles vivientes (de la época de los dinosaurios, vamos). A mí me requetechiflan, tengo tres pequeñitos en casa y este año me compré unos pendientes maravillosísimos con la forma de sus hojas. Y sí, sé que este es un punto muy materialista para acabar pero, qué más da, son mis 14 cosas y con mis 14 cosas favoritas hago lo que yo quiero. 

Hasta el año que viene. Ojalá me cueste tan poco como este año encontrar 15 cosas estupendas.

martes, 17 de diciembre de 2013

Naturaleza. Belleza. Gratitud.


Llegué al vídeo que acompaña esta entrada de una manera bastante tonta: por culpa de unos deberes de inglés. 

El profe nos dijo que teníamos que leer un discurso, el que fuera, de quien fuera. En cuanto nos lo dijo, me vino a la cabeza un anuncio de Chrysler protagonizado por Clint Eastwood. Me encanta. Pero duraba menos de los tres minutos mínimos del ejercicio, así que lo descarté. Mi plan B era leer un fragmento de una charla de divulgación científica, pero necesitaba apoyo de imágenes y no podía contar con eso. Así, dándole vueltas a una página de charlas en inglés (www.ted.com), vi un título que me llamó la atención: “¿Quieres ser feliz? Sé agradecido”. Me gustó. Tenía poco tiempo, así que ni vi el vídeo, sólo imprimí la transcripción y me lo llevé de viaje. 

El día antes de la clase de inglés, me dediqué a investigar al autor de la charla, un tal David Steindl-Rast. Para mi sorpresa, descubrí que además de doctor en psicología, es ¡un monje benedictino! ¿Un monje? ¿Iba yo a leer el discurso de un monje? ¿Qué pensarían mis compañeros? Leyendo más sobre él descubrí que también había narrado un vídeo titulado “Naturaleza. Belleza. Gratitud”. Es un video de Louie Schwrtzberg que habla precisamente de eso, de la gratitud. Pero también de la naturaleza, de la belleza de lo que nos rodea, de la importancia del aquí, del ahora, de este día, de cada minuto de nuestras vidas, de cada instante único, irrepetible, mucho más mágico de lo que las prisas del día a día nos hacen creer que es. Porque lo es. 

Por eso me gusta este vídeo: porque nos recuerda que hay tantas, tantas cosas maravillosas a nuestro alrededor que es absurdo no disfrutarlas como es debido, cada día, en todo momento. Porque aunque sea algo muy obvio, a veces es necesario que alguien nos lo recuerde de vez en cuando. Y sí, al final superé mis prejuicios sobre mi misma y leí parte del discurso del monje en clase de inglés.

Nisi